domingo, 23 de septiembre de 2012

Duele.

Duele más de lo que imaginé. Es un trago amargo que no pensaba tomar nunca hasta que un día sin vueltas fue un corte abrupto, sin vueltas y un adiós entre tus manos. 
¿Quién me iba a decir lo que me esperaba?. ¿Fue una equivocación?. ¿Fue un desencuentro?. No. Fue una despedida. Y eso duele mucho. Se encogió mi corazón. Mi ser te extraña. mi cuerpo enfermo te anhela. Y mi boca pide a gritos tu presencia. 
¿Puede una persona amar a otra y estar sin ella?. ¿Puede mi alma acostumbrarse a la soledad?. ¿Puede mi cuerpo extrañar tu cuerpo?. ¿Puedo amarte más de lo que te amo?. Y ni hablar de lo que te extraño.
Al amar a alguien ¿se es egoísta?. Lo dudo. Ceder cosas por estar con esa otra persona, es amar. Pero no hay que ceder la vida. Hay que ceder gestos mínimos que hacen que la relación sea lo más lindo que a dos personas le puede suceder. Si una persona ama y extraña a otra, quiere estar con esa persona. Si una persona decide caminar sola, es porque ya la otra persona no cumple un rol importante para ella. No sé cómo voy a estar mañana. No sé si voy a poder evitar llorar. No sé si podré vivir bien mañana. No sé si mi cuerpo se sanará.
No puedo acostumbrarme a tu ausencia. Duele. Mucho. Te amo y no tenerte es lo más cruel que me está pasando.