Son muchas luces las que brillan, algunas más que otras. Son orgullosas de sí mismas; felices por andar brillando en la sombra de cada persona que esté triste o perdida en su propio mundo; envidiosas del sol y amigas de la luna.
Invencibles, la propia oscuridad siente envidia de esa luz. Ciegan lo imposible y luchan por lo posible. Nadie pregunta el por qué de sus brillos. Nadie se atreve. Pueden girar, cambiar el rumbo de muchos destinos e iluminar muchos caminos.
No hay explicación. Son indispensables pero cuando quieres tocarlas se disuelven, se asustan y corren al vacío. No son dueñas de sus propias luces, las toman por prestado. Sólo hacen caso omiso a quién corresponde hacer brillar.
Muchas veces (y cada vez más) son envidia de aquellas personas tristes, grises y solitarias.
Dicen que su halo de luz es poderoso, mágico, y que obliga a sonreír y a sentir mariposas en la panza. Ellas acompañan cada paso que una dá en la vida.
Todas tienen nombre y apellido. Algunas son olvidadas, otras son adornadas con flores y otras con fotos. Las más valiosas son recordadas día a día con una flor, una foto y un sueño.
Siempre van a estar, hay que saber apreciar su luz
Su luz nunca se va acabar, si los que estamos acá dejamos de creer en ellas.
Por eso sigamos pensándolas, sintiéndolas y hablando con ellas.
Seamos orgullosos de nuestras luces. Ellas nos aman. Nunca nos dejan. Nos hacen brillar y crecer. ¿Qué más les podemos pedir?
Invencibles, la propia oscuridad siente envidia de esa luz. Ciegan lo imposible y luchan por lo posible. Nadie pregunta el por qué de sus brillos. Nadie se atreve. Pueden girar, cambiar el rumbo de muchos destinos e iluminar muchos caminos.
No hay explicación. Son indispensables pero cuando quieres tocarlas se disuelven, se asustan y corren al vacío. No son dueñas de sus propias luces, las toman por prestado. Sólo hacen caso omiso a quién corresponde hacer brillar.
Muchas veces (y cada vez más) son envidia de aquellas personas tristes, grises y solitarias.
Dicen que su halo de luz es poderoso, mágico, y que obliga a sonreír y a sentir mariposas en la panza. Ellas acompañan cada paso que una dá en la vida.
Todas tienen nombre y apellido. Algunas son olvidadas, otras son adornadas con flores y otras con fotos. Las más valiosas son recordadas día a día con una flor, una foto y un sueño.
Siempre van a estar, hay que saber apreciar su luz
Su luz nunca se va acabar, si los que estamos acá dejamos de creer en ellas.
Por eso sigamos pensándolas, sintiéndolas y hablando con ellas.
Seamos orgullosos de nuestras luces. Ellas nos aman. Nunca nos dejan. Nos hacen brillar y crecer. ¿Qué más les podemos pedir?
Los amo, hoy y siempre.