miércoles, 3 de junio de 2009


"Un día caluroso, temprano, con sol y muchas sonrisas nuevas, se conocieron dos almas (dos almas que en ese entonces no sabían que iban a compartir unos cuantos años juntas). Como todo mundo desconocido por conocer, una de ellas decidió acercarse a la otra, para saber de qué se trata ese mundo con soles, nubes, sonrisas, lágrimas y risas. Charla va, charla viene, y juntas fueron haciendose amigas, grandes amigas, por muchos años. Compartieron mucho: charlas, mates, galletitas, plazas, abrazos, miradas cómplices, hasta que ambas tuvieron que decidir un camino, que no fué obligado (tal vez sí lo fue, pero no sabían bien como asumirlo), sabían que ese camino iba a ser totalmente distinto al que estuvieron compartiendo hasta el momento, y lo tomaban como prueba de que a pesar de que ese camino no iba ser igual ni para una ni para otra, la amistad que habían construido no se iba a romper por nada ni nadie. Todo iba seguir siendo igual, aunque muy de vez en cuando se iban a poder ver y volver a compartir lo que habían compartido. Llegó ese día en el que ambas comenzaron a recorrer ese camino. Seguían viendose, hablaron de sus nuevas aventuras, de las nuevas caras que les tocó conocer, de ese mundo tan misterioso del que tanto habían escuchado.Y fueron pasando los días, las semanas, hasta que una de esas almas se separó de la otra sin razón alguna, y sólo dejó en el corazón de la otra alma su huella de aquella amistad que alguna vez habían tenido. Tristeza y desolación era lo que había en el corazón de esta alma. Por muchos meses no supo nada de su otra mitad amistosa. Hasta que las vueltas de la vida hicieron que se vuelvan a encontrar. Claro que de ambas partes la confianza no era la misma y mucho menos esa amistad que alguna vez tuvo propia esencia entre ellas. Ya no existía. Algún día las almas volverán a ser amigas, aunque cueste volver a las raíces de esa amistad que algun día exitió".